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¡¡¡DICTADO!!!

“Abril 2013. Prueba CDI-3.º ESO. LENGUA. 1ª PARTE: DICTADO. INSTRUCCIONES PARA EL APLICADOR. El texto del dictado será leído por el aplicador (en 6º de la Educación primaria, está compuesto por 5 oraciones independientes): (…) tres veces. En las tres lecturas se leerán de forma explícita los signos de puntuación (puntos, comas…). La primera (…) servirá para que se hagan una idea global del texto. Deben escuchar atentamente, sin escribir nada. La segunda (…) se realizará de forma pausada (las pausas se indican con *) y a un ritmo que les permita (…) anotar todas las palabras del texto. (…) La tercera (…) se realizará de forma completa, sin pausas. Los alumnos deben seguir su texto al mismo tiempo y aprovechar para corregir o añadir alguna palabra, tildes o signos de puntuación”.

Todos los días uno, al menos. El alumnado de nuestras escuelas de educación primaria escribe diariamente al DICTADO. Lo hace mientras que en las aulas de educación infantil se celebra la asamblea y en las de secundaria se oye la explicación del profesorado de turno.

El DICTADO es una rutina que los maestros copian y trasmiten de generación en generación. Tal es su continuidad que, de existir la “máquina del tiempo”, el viajero del pasado podría comprobar cómo la escuela, a diferencia de la calle, permanece inalterable. Es un espacio protegido, independiente e insensible a los avances científicos y al paso del tiempo.

El DICTADO es todo un clásico de la enseñanza y la evaluación de la ortografía. Su valor como herramienta de enseñanza decrece gradualmente hasta prácticamente desaparecer en la etapa secundaria. En esta etapa, el profesorado tiene “tanto que enseñar” que deja de utilizarlo aunque las reglas ortográficas sigan formando parte de los contenidos de la materia de “Lengua castellana y Literatura”.

Mantiene, sin embargo, su rol evaluador en toda la etapa obligatoria, como lo demuestra el hecho de que los responsables educativos de la Comunidad de Madrid lo incluyan en la llamada “PRUEBA DE CONOCIMIENTOS Y DESTREZAS INDISPENSABLES” que aplican en 6º de Educación primaria y en 3º de la ESO. La cita inicial se corresponde con las Instrucciones al aplicador de la misma.

El DICTADO es al oído lo que la COPIA a la vista. La COPIA y el DICTADO son las técnicas de expresión escrita de uso más frecuente. La COPIA se realiza de forma individual silenciosa y autónoma. El DICTADO es una actividad que conjuga el carácter colectivo y el individual. El maestro practica la lectura expresiva, el alumnado escribe, la revisión es colectiva y la corrección y revisión individual. El contenido de los textos lo determina la “regla ortográfica” establecida en la Programación didáctica. La quincena de la “m antes de la p y b” incluye muchas palabras para ejemplificar esta regla; la de “b/v” ídem, etc. Las reglas ortográficas se distribuyen de forma lineal e independiente en cada uno de los cursos de la educación obligatoria para, desde su implantación y siguiendo un criterio deductivo, garantizar el repaso. Las reglas son como las cosechas, vuelven cada año en la misma época.

El DICTADO como técnica de enseñanza tiene un problema. Las palabras no se escriben como se escucha en nuestra lengua. El alumno recibe la información auditiva y tiene que decidir cuál de las posibles palabras es la forma correcta. La decisión es fácil, recuerda la norma y las excepciones, cuando está en la quincena pero la dificultad aumenta cuando una nueva regla llega, los ejemplos se olvidan y los errores se acumulan. No parece ser suficiente con recuperar la enseñanza cada año o con recordarla puntualmente cuando surge, especialmente si se trata de una excepción.

El DICTADO primero provoca el error y después lo corrige. El alumno oye la palabra y duda, intenta recordar la regla, no la encuentra y echa mano de la memoria visual para escribirla. El resultado es de sobra conocido pues existe la creencia general de que cometemos muchas faltas de ortografía. Así parecen demostrarlo los estudios nacionales, las pruebas de selectividad, las oposiciones, etc. o, en la vida, la lectura de los carteles anunciadores, la propaganda, etc. Más allá del escándalo social, el fracaso de la enseñanza de la ortografía se traduce académicamente con la penalización en la calificación de las materias.

Las faltas de ortografía tienen su origen en la memorización intermitente y en el aprendizaje deductivo de las reglas. La práctica continuada del DICTADO acentúa el déficit. Resolver el problema exige buscar alternativas para, desde la escritura correcta de la palabra, ampliar el vocabulario visual, facilitar la inducción de la regla desde la observación de las palabras, asegurar el manejo continuado del diccionario como herramienta de consulta y utilizar otras técnicas para reparar la escritura (ver Cassany, 1993, Graó).

El DICTADO empobrece e inhibe la expresión. El uso dominante del DICTADO, y la COPIA, inhibe el desarrollo de las habilidades expresivas escritas de la Competencia en comunicación lingüística.

El texto dictado, un fragmento de un autor, es un modelo de buenas prácticas. Su contenido ha sido previamente planificado, respeta los aspectos formales, usa la tipología adecuada para la intención que quiere transmitir y la situación en la que produce, está organizado, tiene cohesión, el vocabulario es coherente y rico, y la estructura gramatical es correcta. Por tanto, la eficacia en el uso de esas habilidades es del autor y no del alumnado que reproduce sus palabras.

El desarrollo de estas habilidades exige la creación de textos propios por el alumno, pero la composición escrita es una práctica puntual y marginal. Su aplicación se ve limitada por el abuso del DICTADO, la localización particular en una quincena y, sobre todo, la exigencia que para el profesor supone tener que corregir, más allá de la ortografía, los textos de todos los alumnos. Animar a escribir redacciones guiadas o textos libres castiga al profesor y hace lo imposible para evitarlas mientras se agarra al DICTADO como una tabla de salvación. La escuela no enseña a escribir, enseña a reproducir textos. El camino para mejorar las habilidades propias de la escritura pasa por la práctica diaria de la libre expresión y por el uso de procesos de autocorrección.

El DICTADO es una pobre herramienta de evaluación. El DICTADO reduce la información al uso de las reglas ortográficas e impide valorar el nivel de logro en el  dominio de las habilidades de planificación; la cohesión, coherencia y riqueza de un texto; y las estructuras gramaticales.

No nos sorprende que los responsables educativos de la Comunidad de Madrid, militantes declarados de la antipedagogía, utilicen una prueba tan pobre para evaluar al alumnado. ¡Para qué más! El objetivo es demostrar lo mal que “escribe” el alumnado en uno de los contenidos, la ortografía, que provoca una mayor alarma social. Les trae sin cuidado saber cuál sería la respuesta si se evaluaran el resto de habilidades.

La prueba utilizada este año para evaluar a 3º de la ESO es el dictado de un breve fragmento (115 palabras) de un texto de Josefina Aldecoa en el que se encuentran algunas de las reglas ortográficas (uso de la h, v/b, x, tildes, comas y puntos). Está pendiente de aplicación, primero de mayo, el dictado de cinco oraciones independientes en 6º de Educación primaria. La faena la inician, ¿ignoran la “pobreza”? de la prueba, creando una situación ficticia en la que repiten tres veces el texto con el supuesto objetivo de reducir la influencia de la memoria auditiva

Más allá de la pobre e incompleta información que ofrecen, lo grave es que sus resultados los utilizan como propaganda para ordenar el mercado de los centros en un proceso de competencia “sana y leal” para captar el mayor número de alumnos en la campaña de escolarización.

El DICTADO es un instrumento más de domesticación. El DICTADO, y la COPIA, son dos herramientas eficaces para adiestrar al alumnado en el uso de estrategias de reproducción y para la extinción de cualquier germen de creatividad. El mensaje queda claro: Alumnos obedientes y Escuelas uniformes.

No nos resignamos, el texto libre siempre fue nuestra alternativa:

La expresión libre: – apasiona a los niños y no solo a los autores sino también a los lectores, especialmente si éstos pueden a su vez convertirse en autores.- les abre afectiva y pedagógicamente al conocimiento de los elementos fundamentales de la cultura (…)- cambia la atmósfera de la clase. (…)
Freinet, El texto libre. BEM-8 (1973)
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